Reseña de Película - Le fils de l’Autre (El hijo de los otros)

The other son

Por Lisandro Orlov*

 

Si bien el relato de bebés cambiados por error o por intencionalidad es una constante tanto en la literatura de todos los tiempos como en diversas películas, la originalidad de esta película es ubicar el relato en el contexto del conflicto palestino-israelí.

 

A punto de enrolarse en el ejército israelí para hacer el servicio militar, Joseph descubre que no es hijo biológico de sus padres y que fue intercambiado al nacer con Yacine, un niño de una familia palestina. Ambas familias verán sus vidas alteradas tras esta sorprendente revelación, obligando a todos a reconsiderar sus respectivas identidades, valores y convicciones.

El objetivo expresado por la realizadora es abrir mentalidades que puedan contribuir a cambios que conduzcan al encuentro de caminos de paz y reconciliación.

En todo momento se ha evitado caer en estereotipos culturales de cualquier índole. Este ansiado equilibrio se pone de manifiesto en el inicio mismo de la película, cuando se presenta a los artistas y técnicos en pares: uno palestino y otro israelí, ya que el grupo de trabajo que realizó la película está constituido en forma casi simétrica con aportes de ambos lados de la frontera geopolítica. Ellos mismos reflejan la realidad que se intenta presentar. Nadie fue extraño al tema del conflicto.

En todo se cuidó no caer en los extremos. De hecho, las dos familias -sin bien reflejan las situaciones de inequidad de un lado y del otro de la frontera- pertenecen a la clase media, con valores similares.

Cuando los padres de los espacios enfrentados descubren que el hijo considerado hasta ese momento en realidad pertenece genéticamente al otro lado, se producen situaciones tensas pero creativas. Los varones viven la angustia del hijo perdido mientras que las dos madres experimentan la llegada de “otro” hijo.

En el relato queda muy claro la forma en que juzgamos al mundo y la realidad de acuerdo a criterios educativos, religiosos o culturales que determinan conductas y juicios. También los peligros de la manipulación y la propaganda, que generan miedos y prejuicios. La importancia de la imagen que tenemos de nosotros mismos a través de la mirada de los otros y que construyen nuestra identidad.

Hay escenas y frases de mucha simbología y fuerza. En un momento, los jóvenes ya adultos descubren que cada uno es, en realidad, “el otro” en todo sentido. En un momento se miran ambos en un espejo mientras intercambian ropa y uno de ellos dice: “He ahí el rostro de Isaac y de Ismael, los dos hijos de Abraham”. Ambos jóvenes, educados en una cultura que hasta ese momento sentían como propia, repentinamente son mirados por los suyos y extraños como parte del otro lado de las múltiples fronteras mentales. Tienen que aprender a vivir “como el otro”, tema sinceramente muy evangélico. Este es el eje dramático de toda la película: el aprender a vivir, pensar y actuar con la vida y el contexto del diferente. Considero que desde esa emoción y propuesta se pueden producir toda una conversión que lleva a considerar los conflictos en la esperanza de que las soluciones pacíficas son posibles.

El proceso de aproximación de las familias, los jóvenes, sus hermanos, el barrio y los amigos reflejan con mucha claridad pero sin dramatismo los estereotipos que nos hacemos unos de otros y cómo el diálogo, aún el difícil, puede ayudar a comprender la “otra mirada”. Aquí aparece la riqueza de la alteridad. El otro y la otra pueden ser una oportunidad de crecimiento, de ampliar la perspectiva y el afecto.

Quiero guardar como recuerdo de esta película la frase que dice uno de los jóvenes, con toda su angustia pero a la vez con todas sus posibilidades de encuentro y transformación: “Yo soy el otro. El otro soy yo”.

 

Ficha técnica: Francia/2012 - Dirección: Lorraine Lévy - Duración: 102 minutos / Calificación: apta para mayores de 13 años.

 

*El autor es pastor de la Iglesia Evangélica Luterana Unida y Coordinador de la Pastoral VIH Sida